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La naturaleza del alma

La naturaleza del alma es crecer, sanar y amar. Al entrar en el mundo, emergemos como un niño pequeño. Estamos abiertos. No tenemos condiciones impuestas por nuestros padres o por nosotros mismos. No nos hemos cerrado a ninguna posibilidad. Es a pesar de que el mundo está a nuestros pies. Somos un paquete de pureza incondicional.

A medida que envejecemos, se nos imponen condiciones para dirigirnos por nuestros caminos con el fin de evitarnos el daño. Incluso si logramos mantenernos fuera de los daños, pasamos a un estado de reacciones de estímulo-respuesta hacia la vida. Esto nos aleja cada vez más del estado natural de ser puro con el que vinimos al mundo cuando éramos niños.

¿Cómo podemos volver a nuestro estado natural de ser? ¿Cómo podemos llamar a nuestra alma de vuelta y obtener una sensación de bienestar espiritual? Las siguientes son las formas en que podemos volver a la totalidad y la curación que buscamos como seres espirituales encarnados en la raza humana:

  1. Hacer algo creativo.

La creatividad involucra nuestro corazón, nuestra mente y nuestra imaginación. Estas actividades nos permiten utilizar todo nuestro ser. Nuestra atención se mueve desde las expresiones externas del mundo y entra en la dinámica interna de la vida dando lugar a nuestro corazón y nuestra imaginación. Cuando nuestro corazón y nuestra imaginación reciben atención, entramos en el reino de la perspicacia. La perspicacia es nuestra capacidad de ver desde dentro lo sagrada y mágica que son realmente nuestras vidas.

En el reino del alma, nuestra humanidad se vuelve sagrada. A través de la creatividad somos conscientes de cómo la vida fluye a través de nosotros y no de nosotros. Cuanto más nos identificamos con estas cualidades de atención que fluyen a través de nosotros, más nos identificamos con las cualidades que residen en nosotros y que son enteras y sanadoras. Es nuestro estado natural.

  1. Pasar tiempo con un niño.

Los niños tienen una forma de desviar nuestra atención de las actividades y responsabilidades que nos definen como adultos. Todo lo que un niño quiere hacer en este mundo es divertirse. Parece que nunca se cansan de tales actividades. Los niños están constantemente motivados por el juego.

Como adultos, tendemos a pensar que el juego es una pérdida de tiempo. Los adultos que pierden el sentido del juego y la alegría en sus vidas corren el peligro de perder la motivación propia. El tipo de auto-motivación al que me refiero implica el deseo de divertirse en la vida. Esto puede llevar a un estado depresivo sin creatividad, sin espontaneidad y sin el corazón de un niño.

Cada uno de nosotros tiene el corazón de un niño dentro de nosotros que nunca se cansa. Es la parte de nosotros que participa plenamente en y con la vida. A medida que nuestra imaginación y nuestro corazón comienzan a guiarnos sobre la mente, estamos en el alma. En el alma, nuestra mente está en su perspectiva adecuada. Esta parte de nosotros es nuestra conciencia interior no limitada por las presiones del mundo. Cuando volvemos al alma, la posibilidad de vivir enteros y curados se hace realidad.

  1. Conviértete en un niño.

La próxima vez que mires a los ojos de un niño trata de sentir su corazón. Nota la diferencia y las similitudes entre tu corazón y el de ellos. ¿Hay alguna diferencia? ¿Esta conciencia está a una distancia larga o corta de donde estabas cuando eras niño?

¿Qué le pasó a ese niño o niña dentro de ti? Ya que no podemos recuperar la infancia físicamente, tal vez podamos hacerlo desde dentro. Recuerda tu pasado de niño, los buenos y los malos tiempos. Cuando mires tu vida a través de los ojos de un niño, recuerda lo activo que era tu corazón y tu imaginación. Acéptalo. Deja que esta visión interior penetre en toda tu conciencia. Deja tus interpretaciones adultas de tu infancia y mírala con inocencia y amor.

Nuestra verdadera naturaleza es vivir en el mundo sin ser completamente de él. Dentro de nosotros hay infinitas avenidas que pueden movernos hacia la experiencia de la alegría. Cuando dejamos ir nuestra tendencia a ver el mundo como correcto o incorrecto, bueno o malo, dejamos atrás el dualismo y entramos en la Unidad.

Esta Unidad detrás de todas las apariencias de la diversidad es un estado curativo de amor incondicional. Es la parte de nosotros que trae toda la vida a la existencia, nos lleva a través de la vida, y lo que nos llevará a casa. Es la fuerza de la naturaleza que nos da la vida. Es nuestra alma.

Samuel Oliver, autor de “Lo que los moribundos nos enseñan”: Lecciones sobre la vida”

Blog Psicólogos

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